González Tirado es un maestro perpetuo
Rafael González Tirado
Es verdad incuestionable que visité por primera vez la sede de la Academia Dominicana de la Lengua el 14 de febrero de 1997. En tal fecha ingresó a esa corporación el maestro Rafael González Tirado, quien pronunció su discurso titulado “La problemática del lenguaje sexista en la República Dominicana”. Cuando lo felicité, en vez de gracias, me dijo: “Ya estás complacido”.
El pasado domingo (23-3-2025) fue sepultado el cuerpo del apreciado educador y defensor a ultranza de la lengua española. Fue abogado, servidor público, periodista y algo poeta, pero su marca más indeleble la estableció en la enseñanza del español en las aulas y su defensa a través de los medios de comunicación. Fue columnista de El Nacional, Hoy, Listín Diario y otros medios, siempre sobre asuntos relativos a nuestra lengua.
Durante veinte años laboró como formador de periodistas en la Universidad Autónoma de Santo (1965-1985). Tres niveles de Teoría y Práctica del Castellano más la Filosofía y Ética del Periodismo eran suficientes para que un estudiante lo aborreciera o lo admirara. Me cuento entre sus seguidores. Quizá el maestro lo advirtiera y me diera trato de discípulo.
Personas que apreciaban su trabajo en favor de mejorar el uso de nuestra lengua, han expresado con intención halagadora que el autor de esta columna es un continuador de la misión de González Tirado. Agradezco a quienes tan alto honor me otorgan.
No debe olvidarse que su ocupación en la constitución de la escuela de Comunicación Social de la UASD lo llevó a ser uno de los primeros directores. Desde esa función alcanzó el mérito de crear el “Universitario”, periódico de entrenamiento para los estudiantes de la carrera de periodismo, además de vocero de la institución. Ahí publicaron sus primeros escritos, redactores que hoy son veteranos de la prensa nacional.
No obstante la dedicación a la docencia y labor administrativa en la academia estatal, tuvo tiempo para pronunciar conferencias sobre el idioma español y además producir y publicar los siguientes libros:
“Confrontación del inglés y el español en Puerto Rico”, 1965; “El Complejo de inferioridad lingüística”, 1983; “Técnicas de Redacción de Leyes”, cuatro ediciones, la primera en 1983; “Lenguaje y Nacionalismo”, 1987; “La mayúscula dominicana y el modelo ortográfico de García Márquez”, 1999; “La Problemática del Lenguaje Sexista en la República Dominicana”, 1999; “Origen de la palabra /Chopa/ en el habla de los dominicanos”, 2003; “Balaganarias”, 2003; “Carta de siempre”, 2005; “Palabras para compartir”, 2009, coedición del Banco de Reservas y la Academia Dominicana de la Lengua.
González Tirado, nacido en Santo Domingo en 1931, se vanagloriaba de ser de Villa Francisca, llamaba a los alumnos por sus nombres y cuando no, por el lugar de procedencia. Se mostraba riguroso en sus horas de docencia, pero capaz de sonreír con los estudiantes y darles participación a todos. Era maestro, por eso corregía, toleraba, enseñaba. Y recomendaba a los mejores cuando de un medio le pedían que le presentara un buen estudiante para un trabajo.
Coincidí con González Tirado en una visita a la Redacción de este diario, él era columnista mientras yo aspiraba a ser reportero. El maestro le dijo a un ejecutivo con el que solía bromear: “A ese lo puedes tú probar, ese estudió conmigo”. Me sentí vanidoso.
El13 de febrero de 2018, veintiún años después del discurso académico del maestro, me cupo la honra de ser incorporado como miembro de número de la Academia de la Lengua y González Tirado fungía de secretario perpetuo de la junta directiva. Hoy, el secretario es el alumno que ha pretendido ser su discípulo, pero sin la perpetuidad, pues por su inmenso legado en la enseñanza, Rafael González Tirado es un maestro perpetuo. Paz a su alma.